El silencio oculta lo que está en el alma, así como como en los labios se esconde lo que el amor guarda. En tus ojos encuentro mi cielo, en tu pecho mi almohada y en cada caricia el empuje para levantarme cada mañana. En cada suspiro mío escondo un te extraño, porque cuando intento decirlo las palabras desgarran mi garganta.
Cada noche se asoma una luz en mi ventana, no son tus pasos alumbrando mi parada; es tu ausencia despidiéndose cada madrugada. Y aunque mis ojos piden que te quedes, mi palabras dicen que te vayas, porque aunque tu ausencia duele, tu amor me mata el alma.
Por eso grito en silencio a tu espalda, que aunque en mi cara veas una sonrisa no me creas, por dentro el dolor me mata. Pedirte que te fueras fue sincero, como cuando te dije que te amaba; esperaba que lucharas a mi lado y juntos ganar cada batalla.
Pero tu silencio me mostró un camino que jamás había observado porque me cegaban tus palabras; donde nuestro futuro no es estar juntos, donde amarte ya no cansa. Allá donde veía una vida llena de alegrías es donde tu ausencia me arropaba. ¿Quién diría que amarte siempre fue mi desgracia?