En sus brazos sentía la paz,
la dulce calma de su corazón palpitar,
el ligero respiro de un pecho que siente tranquilidad,
cuando tiene a quien amar.
En tus ojos ahogaba mis miedos,
volaba por los cielos,
recorría el mundo entero,
sin mover un dedo.
Jugábamos a ser felices,
construíamos un árbol sin raíces,
promesas sin matices,
que no dejaban cicatrices.
Recuerdo tus dulces besos,
que acariciaban mis pechos,
eran tan perfectos
como la entrada al Reino de los Cielos.
Y aquel perfecto andar,
de nuestras manos por el altar,
perdieron importancia,
cuando nos lastimamos sin piedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario